El viejo mono ha hablado. Es hora de avanzar.
Si te armas de los pies a la cabeza, ante el enemigo muestras entereza.
¡Emplea un nombre falso! ¡Hay que llevarlo al cadalso!
Consume a quienes consumieron.
¡Un buen trago aderezado hace al hombre más osado!
Vestido de blanco ha defendido su postura. Concédele unos días libres de amargura.
Un buen combate requiere una buena arma.
Tres cantos de hierro; un alma, un destierro.
La larga espera del anciano toca a su fin.
Con tantas opciones a tu disposición, ¿has decidido jugar con fuego?
¡Los tónicos son buenos compañeros, pero es mejor no engullirlos enteros!
Un nido de ratas se dispersa para siempre.
El humo se eleva y su perdición abreva.
A palabras necias, oídos sordos.
Grandes olas que retumban, bajo el suelo lo sepultan.
Esta curiosa piedra oculta algo peculiar en su interior.
Busca las cabezas de los Budas. En esta peligrosa tierra yacen piedras.
Entre viento y arena, sin un claro camino, vagan el muchacho y el felino.
Según el borracho, aquí hay oro. ¿Será cierto?
Los hermanos y el padre. Ya los has conocido a todos.
El escarabajo entre redobles llegó y con las olas suavemente se marchó.
En la fragua hay fuego, y en el fuego hay píldoras.
Habrá sabios por doquier si las raíces no haces desaparecer.
Qué calamidad aconteció a quien tan larga travesía recorrió.
Ojos rojos y cantos erróneos.
Una muesca menos en la cúpula estelar.
El ocaso ilumina la claridad de la nieve y la rigidez la tragedia promueve.
Morir es tan triste como vivir en soledad.
Junto a la cabaña los cultivos prosperan; en el Reino Dibujado, sus corazones esperan.
«Con fuego la armadura se refina y con adversidad la fuerza se determina».
Una mera prueba de destreza que te puede costar la cabeza.
Campo bien segado, tiempo aprovechado.
Un extraño hombre y una desaparecida parcela de sandías; un conjuro maravilloso y una reunión inesperada.
Todo el mundo tiene su propia verdad.
¿Cuán fuertes serían esos cuatro espíritus si pudiera emplear su poder?
Qué forma de desperdiciar esos cuatro grandes títulos.
No hay que esperar que llegue el momento oportuno para buscar la grandeza.
Por la boca muere el monje.
A extraño yaokuai muerto, extraño espejo puesto.
Áspero, incombustible e imprudente. Frío, lodoso y maloliente.
Ninguno ha echado la vista atrás.
Al cielo se eleva y su final encuentra.
«¿De qué sirven ocho brazos contra veinte golpes de mi bastón?».
«¿Es esa fealdad un promesa de inmortalidad? Más vale ignorarla».
Los escorpiones, la familia, por fin reunida.
Tan azarosa es la vida: a veces amable, a veces esquiva.
Ella nunca verá junto a él el mundo que espera más allá.
No por tener más ojos se dejan de ver las nimiedades mortales.
¡¿Cómo es posible que siempre esté en todas partes?!
¡Ja! ¡Un daoísta devoto no debería ser tan pulcro!
«¡Pagaré con mi vida por el título que me concedió!».
Quien semillas planta, frutos levanta.
Has segado uno tras otro, fácil y difícil.
«Por su reconocimiento daría mi vida por él».
Has visitado todos los mejores lugares de meditación.
Los seis valientes capitanes que solo luchan en grupo.
Sus poderosos espíritus yacen ahora en tu interior.
Rápido y certero es el vínculo entre hielo y fuego.
Humo y fuego trajo bajo el brazo el hijo y, al dispersarse, la familia se deshizo.
«¡Tengo en mi poder los cuatro artefactos!».
Lazos de antaño que aún afligen el corazón.
«Déjalo estar y te dejará estar a ti».
Cada disfraz otorga un nuevo horizonte.
Por fin puedes saciar tu sed.
¡Las alas palidecen en comparación con este grandioso don!
¡Seis ranas, seis habilidades! ¡Qué curioso!
Posees todas y cada una de las rarezas que puede ofrecer este mundo.
Esta potente píldora aún porta su bienintencionado deseo.
«Toma. Llévatelo todo».
«¡Detente! Ya has aplastado a todos los yaokuais del lugar...».
Vas bien equipado. ¡Ya es hora de que blandas el bastón y luches!
Tras chocar las mentes, solo una permanece.
Humanos, bestias, yaokuais y Bodhisattvas. Todo registrados y anotado.
¿A qué santo has derramado tanto sudor y tantas lágrimas?
Todos los conjuros conocidos surgen de la misma fuente.
La calabaza es fácil de hallar, pero no el amigo con quien compartirla.
«Al fin todas las páginas raídas quedarán cumplidas».
Una mezcla para sacar lo mejor de cada bebida.
Pies y cabeza cubiertos, camisa bordada y túnica daoísta. ¡Tal es la libertad de que dispones!
¡Te has convertido en una armería andante!
Tormento a tormento se sientan las bases de lo que debes ser.